martes, 24 de julio de 2012

#19


El ágape comenzó, acérquense.

“… la cultura quedó configurada conforme a los patrones imperantes en la vida social, política y económica por la compulsión del Estado. […] Esta cultura es dirigida y administrada por órganos técnicos de la propaganda, tal como los perfeccionaron el fascismo y el nacionalsocialismo.”
Martinez Estrada E.; Análisis Funcional de la Cultura; CENTRO EDITOR DE AMÉRICA LATINA; 1967; p.113

Siempre creí las maquinarias que engranan y ponen en marcha, los motores de los intereses humanos de algunos pocos, estaban regidos por alguien más. Muchos creen es un sinsentido el juego del huevo y la gallina empero cuanto más pienso en su lógica más me convenzo estoy menos errada; la génesis resulta ser poco y nada. La cita parece desconcertar un poco, puesto que esta es una web de rock y deporte. No es que no entendí la consigna, sólo que suelo ser un tanto vueltera (creo mis profesores me han asesorado bien para ello). En estos días se me había propuesto escribir para esta web y lo dudé en su momento, por cuestiones que atañen al tiempo de escritura del que raramente dispongo y; estando consciente de ello, acepté. A decir verdad, no se me ocurría sobre qué podía escribir, puesto mi intención desde este humilde lugar es el de hacerlos reflexionar un poco sobre una temática de la que percibo no se habla, o al menos no como un todo y en el intento no aburrirlos.
Hace tres años percibo esto, aunque sé es una suerte de ley dentro y fuera del ámbito de las manifestaciones artísticas, cualesquiera éstas sean en ese caso. Cuando una persona muere, sus allegados suelen entristecer por la significación del susodicho en sus vidas, las huellas que dejan en ese trayecto que caminamos. Así como renacen los recuerdos y la nostalgia en sus más cercanos; afloran “sentimientos” en gente que tal vez vio una o dos veces al difunto y, en algunos casos, hasta los lloran irracionalmente. Hice una analogía con una realidad un poco más tangible para decir una frase harto conocida por mis pagos: “cholulos nunca faltan”. El “cholulo” es la persona que de manera hipócrita y descarada está en ocasiones donde no es necesaria su presencia. Distinguir cholulos es tan fácil como diferenciar un auto rojo de uno azul, empero, ¿es necesaria su presencia? Pues, cuando el difunto es un músico y los cholulos son futuros clientes desesperados por carroña; diría es menester su presencia.
Resulta lo que asevero parece no ser una novedad. Marx expresa que el capital es la unidad de sentido del capitalismo y  sus escritos aún pueden ser contemporáneo: casualmente aún vivimos inmersos en el sistema capitalista. Un sociológo más contemporáneo, Georg Simmel, afirma que la moda es uno de los resortes psicológicos en el comercio de la cultura de masas. Cito a estos dos pensadores porque no me extraña pensar casi institivamente que estamos en la crisis de la subjetivación. Utilizar la muerte como otra estrategia de venta es tan macabro y lúgubre  como financieramente viable. Cuando alguien muere, los fans se lamentan, sienten que alguien deja de caminar de algún modo con ellos a la par, asimismo, muchos cholulos los conocen y en un intento exasperante (para algunos) por conocer la moda, lo inmediato, consumen el producto que dejaron estando vivos. Estos dos grupos son uno homogéneo para las compañías discográficas, las cuales relanzan ediciones especiales de los grandes éxitos del difunto y, en la medida en que se masifica ese producto y la rapidez con la cual se lo logra, temas inéditos aparecen como “el último deseo del artista”. No pienso sólo en Amy Winehouse, Michael Jackson o Whitney Houston. Hablo de Kurt Cobain, John Lennon, Jeff Buckley; artistas supremos, gente que vivió y murió con una melodía perfecta en su ser imperfecto y que dudo hayan pensado en la remota posibilidad de ver su vida y obra como un remate.
Martinez Estrada menciona (en la cita anteriormente explicitada) al Estado como el director de la orquesta de las población. Cuando se toca el ejemplo de la educación se comprende mejor, puesto que es evidente el proyecto estatal en la instrucción uniforme de las masas. Sin embargo, ni siquiera este claro exponente escapa a la sal y pimienta de los últimos treinta años. Puedo adherir en  en tanto en cuanto hablamos del Estado como un grupo de poder político que en la posmodernidad se encuentra atravesado en su espina dorsal por grupos de poder económico con intereses particulares; y con ello me refiero a los medios de comunicación, a empresas que movilizan los intereses de los pueblos y uniforman los regionalismos, la violencia implícita del capital. Entre tanto  embrollo diviso al inocente difunto como el agasajado de la noche mirando desde la ventana trasera como se divierten a su merced.



Ésto lo escribí hace dos meses aproximadamente, para una página web sobre rock y deporte. Sutilmente, el administrador de la página rebotó mi escrito alegando no estaba a la altura del público leía su página. En pocas palabras, arruinaba la estética con una boludez nadie iba a entender e iba a bajar su popularidad.
Por otra parte, sentí debía compensarlos por la entrada anterior, la cual fue un completo  desastre. Espero este último agrade, o al menos sea comprensible.

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