lunes, 28 de febrero de 2011

#7

Facebook y Emile Durkheim. Conclusiones apresuradas, a una semana del huracán.

“… cuando la asamblea se ha disgregado, esas influencias sociales dejan de actuar sobre nosotros y, al encontrarnos solos con nosotros mismos, los sentimientos por los cuales hemos pasado nos hacen el efecto de algo extraño donde ya no nos reconocemos. Nos damos cuenta entonces de que mucho más que experimentarlos, los hubimos de padecer.”

Emile Durkheim, “Las Reglas del Método Sociológico”.

En realidad, antes de pasar este borrador copié cuatro posibles citas  y elegí esta porque me pareció era la más adecuada. Generalizaba la idea que intento expresar a continuación… o eso creo.
Desde que volví de las vacaciones, hacia fines de enero, me involucré en un cien por cien con mi trabajo. Casi no me he juntado con amistades y me hice una rutina de estudio (risitas). Ya, hablando en serio, estoy preparando dos materias a rendir ahora en marzo: Historia Argentina y Latinoamericana I y Teoría Sociológica. Dentro de la segunda cátedra y por ser materia del primer año, estoy obligada por completo a leer a Emile Durkheim. No quisiera me tildaran de positivista porque las etiquetas siempre me han molestado un tanto, sean conservadoras o radicales, empero su teoría en algunos puntos la acepto… son realidades aún estos días donde creemos haber avanzado mucho como sociedad.
Ahora, algún que otro Blogger (si es que esto realmente llegará a alguien) se preguntará porqué lo hice. Si bien el título puede darnos una pista, no se entiende a simple vista un posible nexo; pues resulta que desactivé por segunda vez mi cuenta en Facebook, la red social del momento. Evidentemente parece que nunca me terminará de convencer esta página y tuve mis razones para hacer mis maletas virtuales y largarme.
En primer lugar, me sentía constantemente incómoda con el tema de la privacidad. Desde la apertura de la cuenta, allá por el 2009, me preocupaba saber cuántas personas sabrían cuántos datos personales colocara allí y a lo largo de estos dos años terminé convirtiéndome en una autentica paranoica: había creado listas, rechazado solicitudes de desconocidos y configurado la privacidad hasta en el último detalle, con resultados infructuosos al sentirme aún insegura de pies a cabeza.
En segundo lugar, tampoco confiaba de mis “amigos”. A pesar de ser todos ellos conocidos de uno u otro lugar, me incomodaba constantemente el juicio al prójimo Si hubiese sido por mí y no hubiera sido tan complaciente, habría aceptado a 10 amigos, contando amigos y familiares… gente que en realidad aprecio.
En tercer lugar, terminé desconfiando hasta de la página. Generalmente colocaba información poco relevante pero el sólo pensar que la CIA sabe más de mí ahora que hace diez años me aterra más que las bases estadounidenses en Colombia inspeccionando la frontera con Venezuela.
La paranoia dio un batacazo final. El día 23 de febrero entré a mi cuenta en Twitter, cuenta realmente celosa de su privacidad, y uno de mis seguidores había recomendado un video llamado “Facebook Get Off”. En el momento que terminé de verlo me dí cuenta de la inutilidad de esta red social, la involución de mi persona, esclava y sirvienta a merced de una máquina de recopilar información de manera masiva y descontrolada.
Hoy, casi una semana después, me siento viva de nuevo. En la semana hice conectada Internet muchas cosas que jamás había podido hacer con tranquilidad teniendo esa pestaña infernal abierta.
Ahora bien, volviendo a Emile… ¡esperen! ¿Se dieron cuenta que en el párrafo anterior expliqué todo? Yo lo acabo de hacer y sin pensar en tener que abordar ya a la conclusión, salió como de la galera. Bueno ya que no tuve que pensarla, vamos a hacer otra conclusión… parecida pero distinta.
Se puede ser harto feliz sin estar a la moda y lo puedo comprobar a diario: tengo más ropa de segunda mano o de los años ochenta que nueva y actual; me gusta escuchar música distinta o que el común de la gente no conoce o ignora; tengo un pelo que jamás me permitirá hacerme un peinado actual; nunca fui ni seré popular, más bien me siento acreedora de la ñoñez eterna por el sólo hecho de ser una rata de biblioteca de Ciencias Sociales. Ya no me avergüenzo de quien soy, no se puede ir contra la corriente así que tiré el medio remo que tenía, me acosté en el gomón y me dejo llevar con gusto, con los ojos cerrados, sonriente con toda honestidad por el rápido de la vida posmoderna…